Relaciones: Energía, Karma e Historia.

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9.- Energía, Karma e Historia.

Toda relación es como un juego de imanes: hay algo que nos atrae. Lo que nos atrae es una cualidad invisible a los ojos pero que se siente en las vísceras, la piel y el corazón. Podemos imaginar mil cosas; sin embargo los reales motivos de la atracción entre los seres humanos permanecen en secreto, un secreto que hay que aprender a que permanezca como tal y así disfrutarlo.

La atracción es una onda que resuena en varios niveles. Uno de ellos es “energético”. El otro es como un polo de energía que se complementa con la nuestra. Más exactamente es la energía necesaria en este momento puntual de la vida. A veces esto resulta muy gráfico y evidente, otras veces es más distante y menos claro, pero siempre con un poco de reflexión podemos advertir por dónde se desliza esa polaridad.
La unidad de los contrarios es una ley del universo que, también se aplica a las relaciones humanas. Esta mágica conjunción de antagonismos hace que los vínculos avancen, que puedan enfrentar los conflictos como algo natural, ya que forman parte del movimiento de la vida. Sin estas energías encontradas habría estancamiento.

Mi abuela solía decir, con sabiduría popular, que “para cada roto hay un descosido, para cada ojal un botón”.

El amor es todo un movimiento. Un campo magnético de oposiciones, donde cada parte se complementa e interrelaciona con la otra, donde cada otra busca la una, como lo frio a lo caliente, la luna al sol, lo oscuro a lo luminoso, lo oculto a lo manifiesto, lo inconsciente a lo consciente, lo femenino a lo masculino. Y se buscan para alcanzar equilibrio, armonía, y resolver la tensión creativa que anida en su interior.

La atracción de los contrarios no deba de ser, a pesar de explicarse como una necesaria relación de solidaridad y dependencia enigmática. Cuesta aceptar que, por ejemplo, esa energía afrodítica, que busco afuera en una mujer yace en mi sombra y que la busco porque ya está en mí y porque es lo que necesito para poder alcanzar una cierta completud. De manera que, en toda relación afectiva, las vibraciones opuestas cuentan, no como lo que separa, sino más bien como lo que une.

Otro nivel es el “kármico”. Karma es un orden o ley que no puede evadirse ni evitarse, que el alma deba seguir en el camino hacia su liberación. No representa la idea de castigo o premio (no hay karma ni bueno ni malo) sino señala que el hombre de todo puede escapar, menos de tener que aprender. La tierra es una escuela, aprender a evolucionar, la enseñanza, y los síntomas, las emociones, los sueños y los vínculos son los maestros.

La vida persigue, a cada paso, que toda persona alcance un mayor grado de integración de sus potencialidades y funciones y que lo haga en la dirección de una creciente totalización, ya que ser más es unirse más. Esta completud y autorrealización implica que, en la medida en que la persona aprende, avanza en ese proceso a lo largo de una cadena de encarnaciones y cada encarnación representa una nueva posibilidad de dar un paso adelante en el sendero hacia la plenitud.

La individuación, como camino hacia la completud, es un recorrido de salvación. Aleja al hombre de los condicionamientos y determinaciones que lo estancan y lo conduce por el sendero de la progresiva liberación. El hombre es salvo en a medida en que se libera de la carga del pasado que se acumula sobre él, como una nube que le impide ver la luz del presente en toda su nitidez.
La salvación es libertad y la libertad es salvación, no sólo porque el hombre logra salir de la reiteración del pasado, sino también porque alcanza la libertad y la unión con el todo y con todos. Pero si de dejan lazos pendientes en una relación, se vuelve a ella, se regresa al pasado.
Hay encuentros amorosos con el aire de haber sido una cita concertada en otra vida para esta, como si dos personas que se amaron hubieran quedado de acuerdo para intentar saldar, en este tiempo. Lo que dejaron sin resolver en el pasado.

Estas “atracciones kármicas” ocurren de un modo peculiar, su signo más reconocible es aparecer bajo la forma de amores intensos, inesperados y sorpresivos. De los amores kármicos se puede comentar: es como si lo conociera de toda la vida, no necesitamos decirnos nada para saber lo que el otro quiere.

Estos amores suelen terminar fisurándose, arrebatados de dolor y sufrimiento. La fractura que se produce en la relación no es un error sino una estrategia de las almas enamoradas que no quieren aprender la lección del separarse, que implica no volverse a ver porque ya aprendieron lo que tenían que aprender juntas. Es como si dijeran: romperemos ahora, aunque sea mal, para poder volver a tener la oportunidad de encontrarnos de nuevo en la próxima vida. Esto a costa de detener su proceso de evolución.

Finalmente, existe otro nivel de atracción: el biográfico”. Modelamos a lo largo de nuestra historia una serie de imágenes interiores de lo que nos gusta y de lo que rechazamos, de manera que cuando aparece alguien que se ajusta ese modelo, una chispa se despierta en nosotros que nos lleva a los brazos de esa persona. No importa la naturaleza de lo que allí se viva, porque todo lo que vivimos da cuenta de cuáles son nuestras preferencias en las elecciones afectivas, independientemente de que sean benéficas o no.

Los amores históricos transitan de muchas maneras. A veces resultan tormentosos, a veces ilícitos, a veces prohibidos, a veces felices pero en cualquiera de sus manifestaciones, no dejan de ser una expresión viva de las identificaciones, relaciones y experiencias formadoras de una vida. Pero, también, ponen de relieve modelos relacionales arquetípicos del alma humana, que sirven de patrones organizadores de las historias de amor biográficas. Los amores que relatan los mitos, como el de Hades y Perséfone, Afrodita y Ares o Psíque y Eros, son los sueños colectivos de la humanidad, del mismo modo que cada relato de amor encarna temporalmente la intemporalidad de un arquetipo vincular.
Cada amor biográfico trascurre entre los límites de una historia personal, que modela la relación presente con el cincel transferencial, y las estructuras del inconsciente colectivo, que atesoran los registros de los argumentos posibles a dramatizarse en el amor y el sexo.
Así, el hombre, en cada historia afectiva, reescribe los mitos, actualiza relaciones arquetípicas y repite deseos colectivos sobre el amor y el sexo, y todo eso, sin perder su tono y matiz personal.

Eduardo H. Grecco.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Me ha agradado bastante esta pagina titulada Relaciones: Energa, Karma e Historia.

    21 le Monde y Cristina Aurora. (Persona Celeste Atalaya) .

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