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CARTA DE UN ADOLESCENTE A LOS ADULTOS DE LA HUMANIDAD- Que circule y hagamos le honor, me parece que la cosa es: PENSAR, SENTIR,…HACER.

Es posible que me equivoque y que cometa muchos errores,
pero estos no serán por mi exceso de celo y de precaución,
que llevan muchas veces a vivir de prestado en la
tibieza y en la desconfianza. Quiero asumir mi reto abiertamente,
declarando mi intención para que el infinito lo
sepa y no vea en mí un advenedizo curioso sin criterio y
sin determinación.
Mi presencia en este mundo será comprometida o no será.
¿Cómo podría vivir a expensas de las perspectivas y promesas
de otros? Mi locura es comprender que la cordura a la
que estáis sometidos es la prisión de los sentidos, de los
sentimientos e incluso de la mente y que os conduce a una
vida que no es vida.
Así, desde los albores de mi existencia presiento con claridad
la naturaleza de mi ser, que pulsa por manifestarse de
manera total, abierta y transparente y que no transigirá en
nada que le obligue a perder su Real identidad.
No puedo perdonar todos los errores porque a mí no me habéis
ofendido ni perjudicado; si acaso sois vosotros mismos
quienes deberéis comprender las razones de vuestros
desvaríos, para así poder enmendar la página y trazar nuevos
propósitos en una nueva página de prístino blanco.
Todo está dicho y en la memoria de los tiempos estas declaraciones
se convertirán en inexorables, para advertencia
de los incautos y para inspiración de los rebeldes.
Agradezco a mis padres el haber consentido en ser medios
para que yo pudiera llegar a esta existencia; sin su participación
y amor yo no habría existido. Mis agradecimientos
son también para todos quienes, habiendo nacido antes que
yo, construyeron y mantuvieron en condiciones aceptables
el mundo que me tocó en herencia.
Yo comprendo que esta herencia no es para que yo la despilfarre
de forma egoísta y para mis propios intereses, sino
que debo aumentar mi patrimonio para que aquellos que lo
reciban de mí puedan sentir que este ha sido amado y cuidado
para que también lo reciban con agradecimiento.
Yo sé que este patrimonio no es solo material y que toda la
belleza emocional y conceptual que yo disfruto y que me permite
soñar y llenarme de bellos anhelos y gratas esperanzas
es gracias al ahínco esforzado de aquellos que han querido
mejorarse a sí mismos y que se han empecinado en no dejarse
atrapar en la vulgaridad y el desenfreno. Todos sus
logros son parte de mi propio pensamiento y sensibilidad y
anidan en mi carne y en mis huesos.
Es tanto el amor que he recibido que me siento en deuda con
la vida y deseo contribuir en la medida en que pueda y compensar
con mi compromiso de servicio todos y cada uno de
los goces y maravillas que experimento a diario.
También sé que mi esfuerzo, por muy grande y comprometido
que sea, es pequeño ante la inmensidad del trabajo necesario
en este mundo necesitado de justicia, de orden y de
belleza. Pero también sé que es la suma de muchos lo que ha
de permitir el milagro de acercar el Cielo a la Tierra.
Desde el respeto, y no desde la recriminación, quiero exponer
algunos puntos que no estoy dispuesto a aceptar en
mi vida. Sé que con ello tal vez pueda poner en entredicho
aspectos que consideráis de rigor, pero a mí no me inspiran
ningún respeto y me enfrentaré a ellos apasionadamente.
Yo no quiero dar por sentados muchos de los condicionantes
que muchos de vosotros, los adultos, habéis aceptado
como males irremediables e insolubles. Yo no tengo mucha
experiencia pero mi corazón me dice que las oportunidades
son según el interés y la voluntad que se aplica, y que nunca
la desidia y el abandono a la suerte podrán producir una opción
mejor. Me sorprende la inconsecuencia de las personas
que se quejan de tantas cosas pero que no se comprometen
a remediarlas.
Cuando os veo que no tomáis partido ante muchas situaciones
injustas y deleznables por comodidad e irresponsabilidad
herís mi ánimo, pues mostráis la naturaleza humana
como mucho peor de lo que es con vuestro egoísmo e
indiferencia. Así, me hacéis avergonzarme de mí mismo en
vosotros.
Tal vez lo peor a mis ojos sea la indiferencia con la que
abordáis muchas situaciones cotidianas, obsesionados
con lo que llamáis responsabilidades. ¿Cómo se puede ser
responsable profesionalmente y no importar la contaminación
de la Madre Tierra? ¿Cómo se puede ser un buen
padre y no importar la pobreza y el hambre en el mundo?
¿Cómo puede ser uno un prohombre social y participar en
los engaños a la humanidad? ¡Con qué facilidad se esconden
responsabilidades mayores con responsabilidades
menores! Sé que la excusa es la de la impotencia frente
a situaciones que nos desbordan, pero… ¿lo habéis intentado?
Yo no os quiero juzgar duramente; más me parece una actitud
infantil e inmadura la vuestra que una maldad hecha
conscientemente. Así ocurre cuando no se asume la responsabilidad
necesaria. A veces os veo como niños preocupados
por vuestros juguetes (los coches, los negocios, las
ropas, las propiedades…), que os impiden estar atareados
en las cosas verdaderamente importantes. Parece que os
asustan y que es por ello que preferís estar distraídos con
tantas tonterías y banalidades. Siento que la verdadera
madurez no se hace evidente entre los humanos de forma
habitual y natural y que solo en condiciones extremas surgen
las actitudes que nos hacen confiar en los hombres y
tener esperanza en la humanidad.
También me parece absurdo que aceptéis muchas situaciones
conocidas deficientes solo por el hecho de que son
conocidas y que su aval sea la tradición. No comprendo por
qué el riesgo asusta ni que la humanidad se someta a males
conocidos antes que aceptar el reto de la oportunidad por
descubrir. Parece como si no se entendiera que nada va a
permanecer y que el cambio y la transformación son imparables.
Veo una obsesión por agarrarse a cosas y situaciones
que inevitablemente pasarán, por muy obsesionados que estéis
con ellas.
Tal vez no sepa mucho, pero mi sentido común y mi sensibilidad
me confirman que habéis caído en el engaño del espejismo
de la materia, porque estáis seguros de que solo es real
aquello que podéis agarrar con vuestras manos. Pensáis que
ello os puede garantizar vuestra seguridad y vuestro sentido
de vida, sin contar que todo lo que está basado en eso,
en este viaje lleno de imprevistos, se perderá y sin remedio.
Mi espíritu me recuerda quién soy y no quiero perderme
como muchos de vosotros, que habéis olvidado que somos
habitantes de las estrellas o las mismas estrellas. No quiero
pasar por este mundo sobrecogido por la incertidumbre
de vuestra aprobación. No creáis por ello que soy orgulloso
y prepotente y que no os tengo en cuenta, pero mi voz interior
es más fuerte que vuestros gemidos y quejas y ésta me
impide oír el canto de las sirenas y sus abrumadoras lisonjas
tentadoras, así como sus advertencias atemorizantes.
Las promesas del poder, del triunfo y de las comodidades
no harán mella en mí, pues la riqueza y la gloria a las que aspiro
ni me las podéis dar ni me las podéis quitar. No está en
vuestras manos esta potestad ni en mí esta expectativa.
*
Carta de un
Adolescente a los Adultos
de la Humanidad. Jordí Orus.
ATHANOR, 85 (ENERO – FEBRERO 2011)

GRACIAS JORDI, gracias por tu corazon y tu sabiduria. Hace tiempo que camino, pero ahora lo hare aun mas firme, Abrazo-Cristina.

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